11/9/10

Ana quiere hacerse un bollito. Doblar las rodillas, bajar su cabeza y tocar la frente con la uña del dedo gordo. Rodar hasta un rincón de su habitación y encontrar una araña que le teja una red para trepar hasta el techo. Cree que allí arriba no va a tener más Frío. En su casa están todas las estufas prendidas y el calor sube. Ella se marea muy fácil. Tanto giro le va a dar dolor de cabeza. No le gustan las picaduras de arañas. Además, tiene puesto un pulóver de lana… de lana de llama, de esos que se venden por Jujuy, Salta, Villazón, por ahí, por el norte. Mejor no quiere ser un bollito, ni rodar, ni encontrar a ningún bicho raro y mucho menos tener tanto calor.

Ana quiere ser chiquita. Muy chiquita, tan chiquita como para poder entrar por el agujerito de metal que tiene su zapatilla del lado izquierdo… del izquierdo, porque del derecho ya no lo tiene, ese es solo un agujero deshilachado y no quiere quedarse enredada. Piensa que si logra entrar en su zapatilla nadie va a poder molestarla. No la van a encontrar ¿A quién se le ocurriría buscar adentro de una zapatilla? Calza solo 31; nadie las va a usar por equivocación o porque quiera lucirlas con un collar rojo... rojo gastado, porque las zapatillas ya están un poco viejas. En su casa no hay collares rojos gastados, nadie las va a usar. En realidad si logra entrar se va a sentir sola. Va a estar siempre sola. Además el talco le va a dar alergia. No, no quiere esconderse en su zapatilla, ni ser chiquita.

Ana no sabe lo que quiere. Sabe. Pero quiere tantas cosas que a veces se confunde.